EL AVENTURERO ESPAÑOL

En un tiempo pasado hubo un caballero de aspecto gallardo y bien formado, ojos de agua clara, tez morena y cabello igualmente moreno. Conocido en medio mundo por sus ocupaciones mercantiles, este caballero viajaba tanto en barco como en tren, otras a caballo y otras en los primerizos automóviles. Descendiente de una familia acomodada de la tierra a orillas del Segura adquirió un título nobiliario de su primer matrimonio, como Marqués de Santo Domingo era conocido por donde viajaba y hospedaba. Aventurero, truhán, mujeriego, a veces ladrón, a veces encantador, el Marqués sedujo a gran cantidad de mujeres. Sus maneras refinadas, el conocimiento de varios idiomas y artes junto a una vestimenta exquisita lo hacían implacable en la conquista. El ardiente deseo de satisfacer sus oscuros propósitos lo llevaron a utilizar a las mujeres conquistadas expoliándolas, arruinando sus arcas de oro y abandonándolas tras dejarlas en la miseria. Ellas, incapaces fueron de darse cuenta de lo sucedido, pues las artes amatorias del Marqués las cegaban hasta el final en un abandono infinito.

El primer matrimonio duró dos años según cuentan las antiguas lenguas, hijos no tuvieron, el Marqués huyó a Inglaterra una vez disuelto el enlace donde grandes empresas lo aguardaban.

En la tierra del Big Ben conquistó a una bella dama londinense de buena y puritana familia. Una semana necesitó para llevarla donde deseaba. Esto sucedió en una fiesta en honor al cliente del Marqués, el padre de la bella dama. Siete días estuvo llenándola de miradas y regalos con un refinamiento afrancesado mezclado con la gracia española, así esa noche la bella dama de cabello rubio, mirada clara y pudorosa cayó en los brazos del español perdiendo su tesoro más preciado en los jardines de la mansión de su acaudalado padre. La hizo su amante ya que no pensaba pedirle casamiento, pero si calor en la cama. La muchacha, demasiado joven para amar y gozar de la carne acabó enamorada del Marqués y abandonada a los cuarenta días posteriores a la pérdida del virgo.

El rastro de sus conquistas atravesó los cinco continentes, mujeres de todos los colores y sabores probaron las artes del Marqués. Estafador de vocación, hombre de negocios de profesión arribó en Nueva York donde un comerciante textil lo esperaba. Cerrado el negocio quedó encaprichado de una viuda de la quinta avenida. La mentada viuda no tuvo hijos, muy joven murió su marido de tuberculosis, así ella heredó una vasta fortuna basada en el comercio naval. Menos de siete días necesitó el Marqués para ser invitado a cenar en casa de la viuda. Mujer bella, inteligente, de aspecto sutil y delicado. El español notó durante la velada la desazón de la atractiva viuda, años estuvo sin relaciones, así que el Marqués aprovechó el hambre de la viuda para entrar directo a “matar” asiendo sus senos por detrás de la silla que ella ocupaba, ardiendo en deseos carnales más fuertes que cualquier creencia, en la mesa la poseyó hasta quedar exhaustos. Semanas estuvieron amándose en el lecho de la viuda. Deshecha en ardores enmudeció de felicidad porque nunca había conocido varón tan vigoroso y fuerte en el sexo, así el enamoramiento femenino se abrió paso entre los sudores compartidos bajo las sábanas. Pasaba el tiempo y el Marqués fue ascendiendo en la empresa de la viuda, una promesa de matrimonio que nunca llegó, los hijos prometidos que no engendraron. A gerente ascendió nombrado por la viuda-amante y poderes bancarios le atribuyó en nombre del amor y el sexo. Mientras el abandono de la viuda crecía el Marqués desviaba fondos de la empresa naval a cuentas ocultas en Latinoamérica y Suiza, así la pobre viuda quedó arruinada pero muy bien atendida en la cama; este lugar desviaba su atención, no solo a la viuda, sino la de todas las mujeres que eran tomadas por el Marqués quedaban hechizadas por el placer.

De país en país, de continente en continente amasó gran fortuna usurpando riquezas ajenas y estafando a las damas de la más alta alcurnia. Los detectives argentinos cuentan del Marqués una hazaña sin parangón alguno, casi lo atraparon pero se les escabulló de entre los dedos, así comienza la historia:

De Méjico llegó a la ciudad de Buenos Aires. Telegrafiando a Suiza deslumbrado quedó el Marqués de una joven de cabello negro, piel blanca y modales refinados. El sol del mediodía quemaba el rostro de la damisela, así que una sombrilla de color hueso sombreaba sus ojos castaños y el rostro aniñado. Apenas los pechos apuntaban madurez y el corselete apretado estrechaba la cintura haciéndola parecer más mujer de lo que era en realidad. ¿Sería la niñez de la joven la que sedujo al Marqués? Nunca lo sabremos, lo que si sabemos es la retahíla de embustes que propinó a la joven para conquistarla. Se dice que era hija de un afamado juez y que el Marqués cautivó al mentado juez con negocios inmobiliarios, lo cual abrió las puertas de su casa al español. Hasta hospedaje gratuito encontró el Marqués en la morada del confiado juez y así una tarde en compañía de la joven morena, disfrutando mutuamente de una limonada sentados en un balancín…

Los oídos regalaba el español a la confiada muchacha, palabras y versos de Calderón la mantenían atenta hasta que los labios se unieron en el avance del español, la aniñada joven apartó su cabecita pudorosa aturdida por lo desconocido.

Otra tarde en el mismo lugar un paso más dio el aventurero, las finas manos de la joven tomó entre las suyas y un cálido beso la paralizó cerrando los ojos al deseo.

El Marqués invitó a la niña a una merienda alejados de la ciudad. Sentados en la manta sobre la hierba comiendo bocadillos acabaron tumbados con las manos asidas, mirándose, besándose. La joven poco a poco fue descubriendo su sensualidad, las entrañas la quemaban con los besos del español, el deseo se apoderaba de ella saliendo de si misma para convertirse en una mujer ansiosa de aquel enigmático hombre. Al tomar y apretar sus rosados pezones, la niña experimentó un ardor nuevo en su joven cuerpo, sentía que algo abrasaba y humedecía su entrepierna y allí se dirigía el español. Una vez las enaguas y las bragas fueron despojadas, el Marqués posó su bífida lengua en el suave sexo y la niña creyó estallar de placer mordiendo sus labios, gimiendo y dejándose hacer. No hubo marcha atrás cuando la joven tuvo en sus manos el pene, un pene duro y preparado para darle el placer deseado; entró abriendo a la niña hacia la lujuria primeriza en manos del menos indicado para ese regalo. La joven abrazaba, besaba a su amante hasta llegar al orgasmo entre las idas y venidas acompasadas por el vals de unos pajarillos volando bajo en busca de un lugar en el que anidar los futuros huevos. La sangre diluida entre fluidos fue el rastro dejado en la hierba de aquel lugar apartado de la ciudad.

Semanas hospedado en la casa del juez, noches encamado con su hija, negocios fraudulentos eran las tareas del Marqués hasta que su codicia fue más allá prometiendo casamiento a la joven morena. La ciudad asistió al compromiso, aires de grandeza brillaban en los ojos azules del español, creíase un burgués venido a más cegado por el ansia de poseer riquezas, más aún de las que tenía en aquel momento. En las noches de sensualidad el español enseñó a la joven las lindezas del sexo sin tabú para hacer de ella una amante magistral. Muy presuroso preparó los preparativos para huir de la ciudad antes de efectuar el matrimonio con la joven despojada de toda virtud. Bonos y dinero desaparecieron antes de llegar a las manos del juez, desviados por la astucia del español. De noche oculto por la niebla huyó como lo que era, un estafador sin escrúpulos. Una carta encontró la joven a la mañana siguiente en la que el Marqués se excusaba alegando que había recibido un cable en el que lo informaban de la enfermedad de su madre. Un mes estaría de viaje y regresaría para el casamiento. Nunca volvió.

Las aventuras de este personaje insólito y falto de escrúpulos arribaron en Japón, en oriente encontró lo que tantos viajes por el mundo le costó encontrar. Una noche en Tokyo acompañado de unos empresarios nipones compartían nocturnidad en un salón de té. Quedó fascinado por una geisha, los movimientos, la refinada figura de la dama lo perturbaron, alquiló sus servicios y yació junto a ella. Despojada de ropajes, maquillaje, desnuda frente a él algo nuevo floreció en el interior del español. La palidez de su piel, suave como la seda, el cabello negro, lacio y largo, los ojos negros y rasgados lo embelesaron como Dalila a Sansón. La mirada alargada por la perfección de la geisha se detuvo en los pezones maquillados con carmín rojizo, la vista alcanzó el sexo viéndolo despojado de vello y los labios pintados del mismo color que los pezones. Lo invitó a la cama, masajeó su espalda con los pies, con las manos, el aceite fue absorbido por la piel, la relajación durante el masaje avivó su deseo, el de poseerla y ser poseído. La fricción pasó a ser caricia y así las lisonjas llegaron a los pies dándole un placer nunca experimentado. El Marqués sintió las punzadas del amor por primera vez, en manos de la geisha voló al cielo del deseo y la plenitud varonil. Ella lo deshizo de su máscara de gran Casanova arrancando poco a poco la piel de mentiras.

El Marqués cayó en las garras de la gata nipona, con ella compartió lecho, amor, desazón y aventuras amatorias nuevas para él. El amor derribó la puerta sin pedir permiso para quedarse en el corazón del Marqués, aterrado por el nuevo sentimiento no sabía que decir ni como actuar. La geisha no abandonó su condición de sirvienta de hombres. Al principio el Marqués soportaba, aún más, disfrutaba verla agasajada por otros hombres, la diferencia con las otras conquistas era que la geisha no compartía con el sus ganancias, eso lo molestaba, deseaba desplumarla para despojar cuanto antes el amor por ella. La geisha le profesaba amor con los labios entreabiertos, no lo decía con el corazón, lo amaba si, pero como un hombre ama a una mujer. ¿Cómo debía amarla?, desconcertado no sabía que lugar ocupaba en la relación. Lo poseía, lo usaba para dejarlo dormir en solitaria compañía mientras ella trabajaba en el salón de té.

Pasaba el tiempo, hasta tres años. Las propuestas de matrimonio no eran aceptadas, ni las de concebir hijos. Dejó de viajar, los negocios en Japón se fueron deteriorando hasta gastar los últimos fondos. Una noche el Marqués fue a visitar a la geisha a la casa de té, y cual fue su sorpresa; en el salón danzaba su amada acechada por los hombres, hombres hambrientos de carne, de la carne de su geisha. Ella excitaba semi desnuda a los asistentes bailando entre ellos, los besaba, se dejaba manosear los pechos, las nalgas, incluso alguno introdujo la mano en su vientre masturbándola. Los celos, la posesión de aquella mujer nunca fue consumada, ya que lo utilizaba como a una mujer, yacían pero el no la gozaba como un hombre, él era la mujer de la geisha.

Ella disfrutaba sus arcas llenas de oro y lisonjas, dejó de “tenerla” entre sus brazos. Arruinado, solitario y vagabundeando esperó una noche a la geisha en la casa que ambos compartieron. Pasada la media noche, ella entró en la casa, lo encontró sentado en un sillón esperando. Lo miró a los ojos y atisbó los enrojecidos celos, la ira de la que fue poseído. La acusó de su ruina, la acusó de no amarlo jamás llevando ambas manos al fino cuello y apretó, apretó tan fuerte hasta que oyó un crujido y cayó al suelo abandonada por el alma emergiendo al espacio sideral, el cuerpo quedó despojado de vida a manos de los celos y la mezquindad de un hombre sin hombría. Boca abajo yacía la geisha y así pudo tocar con las puntas de sus dedos a la mujer dibujada desde la altura de los hombros hasta la curva del dorso, en ese instante admiró la belleza desvanecida con sus propias manos.

Así lo cuentan los ancianos que aún recuerdan a un Marqués español viajando de falda en falda y de nalga en nalga.

Para leer el relato original pincha aquí http://vegamediapress.es/not/6322/el-aventurero-espanol/

Martes, veinte y nueve de Octubre de dos mil trece.

Región de Murcia.


Pedro Molina.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s