ANITA II

Por las noches en el silencio nocturno, aunque durmiera en el mismo cuarto que su madre solía tocarse en silencio pero nunca sin llegar al cenit, algo la frenaba, algo la hacía sentir culpable ¿Sería lo que acabamos de comentar?

Anita inició una costumbre con el pretexto de vigilar a los alumnos de posibles conductas subversivas…

La señorita Pérez pidió permiso para entrar en el despacho del jefe de estudios, una vez dentro….

-Señor Alemán, he venido a pedirle permiso para vigilar a los chicos más de cerca si cabe, ¿da su aprobación?- Propuso totalmente recogida entre los hombros en actitud sumisa ante un superior, por hombre y por jerarquía profesional.

-Señorita Pérez, explíqueme el plan, si es que tiene alguno-

-Mi plan es vigilarlos muy de cerca, tanto que yo parezca invisible. He notado algunas conductas sospechosas. Quisiera evitar que fumen en el centro y también la entrada de propaganda de rojos-

-¡Muy bien! ¡Pero muy bien pensado! Señorita Pérez tiene todo mi apoyo, comience cuando lo tenga previsto. Me satisface su conducta, es usted un ejemplo para todos. Aunque debemos seguir en la lucha por el bien de España-

-¿La lucha?- Preguntó Anita sin saber a qué se refería el jefe de estudios.

-La lucha contra la subversión y los rojos. La plaga de nuestra patria. Y ya sabe que la subversión se combate con la vigilancia continua y constante-

-Entiendo señor Alemán. Mirar sin ser visto-

-Exacto, veo que lo entiende. Quiero que me tenga al corriente de todo- , dijo sin apartar la mirada de los sensuales ojos de la señorita Pérez.

Sin más dilación la profesora de matemáticas aprovechó el recreo para confundirse entre los alumnos y entre los jóvenes esperaba algún atisbo de rebelión en los aledaños de las aulas por el claustro de la institución. Mirando el cartel “varones” del baño mordía la uña del pulgar derecho y cuando no había dentro de los baños entró. Revisó todos los lavabos, la papelera y los inodoros, mejor dicho letrinas. Satisfecha por su labor salió dispuesta a averiguar cualquier muestra de subversión. De camino a casa en el tranvía pensaba la forma de pillar a los alumnos in fraganti, sabía que los pensamientos extranjeros de libertad contaminarían el tranquilo y leal instituto.

La vida en casa de Anita era casi totalmente hermética, solo con su abuela podía sentir algo de libertad aunque se sintiera culpable. En la habitación de la vieja…

-Abuela tengo una duda respecto al abuelo- La vieja levantó la vista de la colcha de retales…

-Dime Anita-

-Mi madre y tu siempre habéis dicho que el abuelo murió en la guerra, pero no sé como fue, ¿te avergüenza?-, preguntó sentada en el borde de la cama de la abuela.

-Avergonzada no hija. Durante la guerra todos proclamábamos nuestros ideales pero tras la victoria franquista mucha gente murió fusilada y en las cárceles en condiciones inhumanas. Los rojos eran cazados como a conejos en sus casas o por culpa de algún chivato-, relató con lo ojos vidriosos.

-Entonces, el abuelo era rojo-

-El solo no, yo también luché por la libertad. Lo hemos mantenido oculto por protegerte y para que puedas trabajar para el régimen aunque me pese. Debe seguir siendo un secreto-, dijo tomando en sus manos las de su nieta.

La mirada de Anita a su abuela fue de satisfacción y orgullo por tener una familia tan luchadora. -¿Mi madre lo sabe?-

-Mejor dejamos a tu madre al margen-

Anita asintió y marchó a su cuarto a dormir.

8´50 de la mañana.

En formación estaban los alumnos de la señorita Pérez, García y la profesora mantenían la mirada sin pestañear. Mientras el Cara al Sol era cantado por todos los presentes ellos parecían ausentes mirándose fijamente a los ojos, serios y cantando el himno.

En el aula Anita sentada en su mesa tras la explicación del tema de matemáticas leía el libro de texto mientras los jóvenes realizaban el ejercicio que acaban de dar. La profesora observaba a García, tan bien peinado, tan joven, tan puro pensaba Anita mordiendo sus labios y cruzando las piernas, intentaba friccionar para sentir placer por el joven alumno.

El fin de semana se acercaba y el delegado de la clase de Anita, un joven llamado Gutiérrez pegó unos carteles en el centro de una fiesta yé-yé en un local de moda de la ciudad.

-Si hacemos unas cuantas fiestas como esta podremos sacar el dinero para el concierto-, decía a los colegas el tal Gutiérrez en el claustro del instituto.

-¿Qué concierto Gutiérrez?-, pregunto la señorita Pérez.

-Los Beatles señorita, vienen el 1 de Julio y el 2 actúan el Las Ventas-, explicó Gutiérrez.

-¿Le gustan los de Liverpool señorita?-, preguntó García.

-Bueno, mis gustos musicales son otros, me gusta la copla- La cara de los jóvenes incluida alguna risa afirmó que la profesora no era yé-yé y ni siquiera moderna. -¿Cuánto cuesta la entrada?-, preguntó a los chicos.

-Según he oído entre 75 y 450 pesetas-, dijo García mirando a Gutiérrez.

-¿Va a ir señorita?-, preguntó otro alumno.

-¿Yo ? ¡No! Esos melenudos no me van, ni me gustan siquiera- Dando media vuelta la profesora dejó solos a los chicos.

16´00h de la tarde.

Anita corregía exámenes de matemáticas en la biblioteca bajo la supervisión del jefe de estudios, aunque éste estaba en su escritorio trabajando, de vez en cuando miraba furtivamente a la profesora. Ésta inmersa en su trabajo…

-Señorita Pérez ¿puede venir un momento?- preguntó el señor Alemán en voz baja. Sólo ellos estaban a esa hora en la biblioteca.

-Si señor- Al llegar ante la mesa del jefe de estudios con el cabello perfectamente peinado hacia atrás, las prominentes entradas y una traje impecablemente arreglado pidió a la señorita que se sentase ante él.

-¿Cómo van sus investigaciones señorita?-

-Señor van muy lentas, los estudiantes tienen cuidado de no caer en la subversión públicamente, tienen especial cuidado cuando estoy cerca. Pero si sé que va a haber un concierto de esos melenudos ingleses ¿cómo se llaman?- quedó pensativa jugando con los pulgares en su regazo.

-¿Son los bitels?-

-Si señor esos mismos. Los chicos están organizando fiestas privadas para recaudar dinero para el concierto aquí en la capital- seguía jugando con los pulgares, ahora frotaba compulsivamente el faldón de la rebeca de lana que llevaba puesta, una bonita prenda de color gris, igual que su vida y pensamientos.

-Pues debería acudir a esas fiestas y por qué no al concierto- dijo sin apartar los ojos de los de la profesora.

-Como usted mande pero la entrada al concierto es cara señor-

-Usted compre la entrada y la ponemos como gastos del instituto ¿qué le parece?-

-Bien señor, como usted mande- dijo en actitud sumisa. La sumisión seducía al jefe de estudios…

-Señorita ¿le parece discutir estos temas en el Ateneo esta tarde?- preguntó sin parpadear mirando a Anita.

-Vale, al acabar el trabajo- dijo con la cabeza gacha.

-Primero el trabajo señorita, después el placer. Bueno al salir esta tarde seguiremos charlando. Ahora puede retirarse- dijo haciendo un ademán.

-Como usted mande- Levantándose en excelente obediencia Anita volvió a su lugar de trabajo.

A las cinco de la tarde la profesora de matemáticas recogía los enseres de trabajo, con la carpeta sujeta por los brazos al pecho.

-Señor voy al baño y le espero en el claustro-

-Perfecto señorita, deme cinco minutos- dijo el señor Alemán sin levantar la vista de lo que estaba haciendo.

Al salir del baño Anita esperaba al jefe de estudios con la espalda apoyada en la baranda del claustro. Pensativa mordiéndose las uñas intentaba que no se le notase la atracción que sentía por su superior.

Martes, diez de Febrero de dos mil quince.

Región de Murcia.

Pedro Molina.

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6 comentarios en “ANITA II

  1. Hola, me encantó esta expresión “Mirar sin ser visto-” Quizás así deberíamos vernos a nosotros mismos, sin apasionamientos, como si fuésemos otro que observa lo que adentro se esconde o se manipula o está dormido, luego ¡A quitarle los mantos! liberarlo.
    Anita seguirá buscando… ¿Verá sin ser vista? Saludos
    Scarlet

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