ANGIE II

Angie había cumplimentado la metamorfosis hacia la Liberación, ahora estaba plena, nada le faltaba en su vida, a partir de aquí solo quería disfrutarse y si sacaba dinero a cambio mejor que mejor.

La presentación oficial de Angélica, ahora transformada en Angie fue en una fiesta en honor de un personaje importante en la ciudad, sería un evento donde empresarios, políticos y todo tipo de corruptelas se congregarían, porque la carroña atrae carroña. Salió de casa con el pretexto perfecto, -voy a una fiesta de mi oficina en el centro, llegaré tarde, chao-, dijo despidiéndose de su esposo tras dejar a su hija durmiendo y cenada. Porque nunca dejaba a su hija sin atender, así era Angie, madre entregada, contable y ahora recién estrenada mujer del Placer, porque lo de esposa no merece la pena mencionarlo. La recogió Carlos en su flamante deportivo, ¿cree amado lector que un encargado de una oficina de patentes tiene un deportivo italiano con un sencillo sueldo?, yo creo que no. Angie lo esperaba en una cafetería a unas manzanas de su casa, tomaron un café juntos. La recibió en halagos, primores, un casto piquito en los labios….

-Estás preciosa Angie-.

-Gracias Carlos-, agradeció con los ojos saliendo de las órbitas por el piropo del hombre que la folló como un Dios.

-Envidio al hombre que te tome esta noche, lamento no ser yo-.

-Es una pena cielo, me encantaría hacerlo contigo otra vez-. Angie estaba encantada con Carlos, aparte de buen jefe, era guapo, tenía un gran coche y sabía hacer disfrutar a una mujer.

-En la fiesta habrán personas muy importantes, lo que allí veas, escuches o experimentes no debes contarlo a nadie. Otra cosa, los hombres del evento te elegirán, ellos decidirán con cuantos debes acostarte si te eligen. Por esta noche y por ser la primera recibirás una cuantiosa suma, y una remuneración aparte en agradecimiento. En el coche te daré una parte para que confíes en mi y en Alfonso. No hagas preguntas, ¿lo tienes claro bonita?-.

-Lo tengo claro, he traído todo lo necesario para esta noche-. Carlos pagó los cafés y salieron del local hacia el coche italiano.

-Abre la guantera y saca un cd-, ordenó a Angie sacando del bolsillo de su chaqueta una bolsita y una tarjeta. -¿quieres una raya?-.

-No lo he probado nunca Carlos, no sé-…

-No me digas que eres de esas que siguen haciendo caso a sus padres-, dijo soltando una risita malévola. Angie miraba la operación mientras Carlos estaba efrascado en la labor.

-Toma, haz los honores. Coge el billete y aspira, no expires, aspira fuerte, venga… – 

Angie aspiró y casi soltó un bufido al sentir la droga subir por la nariz dandole un golpe seco a la altura de la ceja izquierda, pronto bajaría por la garganta dejando ese sabor amargo que solo te pide beber alcohol para que que se mezcle el sabor de la coca con el brebaje.

-¿Qué haces con el cigarro?-, preguntó la ingenua Angie.

-Ahora verás que cigarrito más bueno. Un cigarro de coca-, dijo casi al tiempo de encenderlo dejando un olor muy dulce en interior del coche, -ten, fuma- .

Fumaron, aspiraron hondo entrando el humo llegando a los pulmones y exhalando despacio disfrutando la sensación placentera de la droga. Arrancó el coche, el deportivo salió disparado hacia el Nuevo Mundo, ese mundo al que Angélica partía, hacia lo desconocido. Carlos no paraba de hablar, pero Angie no podía hacerlo, la droga la había colocado de sopetón y se encontraba balanceada en medio de una nube, pero el deseo la abordó y comenzó a buscar los ardores de su acompañante.

-Para, Carlos detén el coche-, invitó Angie.

-¿Te pasa algo?-, pregunto Carlos, al volver la cabeza hacia ella calló en la cuenta de la invitación al ver la cara femenina. Paró el deportivo en una plaza libre al borde de una acera, nada más parar, Angie se abalanzó sobre Carlos subiéndose a horcajadas en él, besándolo con rabia desabrochó el pantalón, tomó la polla meneándola con fuerza, hizo callar a Carlos mordiendo sus labios, cuando el miembro estuvo listo lo insertó de una estocada como si fuera la última vez que follaría con él.

Angie causó sensación en la fiesta, los hombres importantes la rodeaban, la deshacían en miradas, todos hablaban de ella, ¿quién es la chica nueva?, se preguntaban. No hace falta decir los nombres de los personajes que le fue presentando Carlos, ya que eran hombres magistrales de la política, empresarios, abogados y todo tipo de carroña.

-Carlos, voy a lavabo-.

Él, haciendo un gesto de complicidad siguió alternando con los invitados. En esas fiestas no había anfitrión, los invitados llegaban y se unían unos a otros en charlas y algún que otro negocio cerraban o comenzaban. En esos eventos se hacía la verdadera política y no en el Congreso, allí se aprobaban leyes, se ejecutaban todo tipo de acciones políticas en favor del poder y el almacenamiento de dinero.

-Señorita, creo que no me han presentado-.

-La verdad es que no, señor-…

-Azul, llámeme Señor Azul. La he visto llegar con Carlos y me dije, ¿quién es ese bombón?-.

-Me llamo Angie, encantada-, dijo mirando al Señor Azul a los ojos pensando si sería el primero en tomarla en la fiesta. Sentía nervios por ser su primer trabajo y no sabía si estaría a la altura, solo deseaba hacerlo bien y complacer a sus benefactores, mucho dinero le habían adelantado y el que faltaba por darle a cambio de sus perversos servicios. Acompañó al Señor Azul al salón más grande previa invitación de él mismo y se difuminaron bajo la capa de humo de los cigarrillos y puros que allí fumaban. Exaltados por el champán poco a poco la fiesta fue tomando un cariz más desinhibido. Angie miraba a los hombres, charlaba con alguno, mayores que ella, tirando a viejos y por lo que veía se la tendría que chupar a alguno de esos cabrones asquerosos aburridos de la vida y de sus mujeres, porque las féminas en el evento eran jóvenes como ella, “todas son putas” pensaba mientras apuraba su copa de champán. Antes de que dejara la copa vacía a algún camarero y coger otra, una mano desconocida le puso en la zurda una nueva copa llena y le quitó la vacía con respeto y elegancia, Angie giró el cuello hacia la mano y al final del brazo había un rostro amable, un tipo moreno, piel blanca, atractivo y el cabello engominado hacia atrás.

-Tome señorita… – .

-Angie y ¿cuál es su nombre-color?- .

-Ja ja ja, no tengo color, me llamo Antuán. Soy asiduo a estas fiestas, usted no mucho, es la primera vez que la veo- . Estaban rodeados de gente, pero ello solo veía a Antuán en ese momento.

-Es la primera vez que vengo, la verdad que hay mucha gente importante, infunde respeto estar aquí-, comentó Angie al oído de Antuán.

-No es para tanto, pero al principio si dan respeto todas estas autoridades de la política, los negocios… Venga conmigo afuera, hace una noche preciosa-. Angie aceptó la invitación, Antuán le parecía un tipo amable además de guapo.

La noche era amable, templada para alzar los sentidos a un estado emocional diferente. Allí, como dioses del Olimpo miraban al horizonte sin pensar que pasaría más tarde. La luz de las luces exteriores daban a Angie un aspecto resplandeciente, estaba especialmente bella, estaba riquísima con el cabello suelto suelto por encima de los hombros, hasta el pecho le llegaba. Sobre el escote los tungentes senos y ceñidos en el vestido negro apuntaban a Antuán.

-Hace una noche muy bonita-, comentó Antuán mirando fijamente a los ojos de Angie.

-Es muy bonita, mire la Luna, está inmensa-.

-Deseo besarla Angie-.

-Hágalo- . Se miraban ante la luz de Dania, Antuán la asió por las caderas, la atrajo hacia sí y posó sus labios en los de Angie y ésta pasó sus brazos por el cuello del primer amante nocturno. Antuán la apoyó en la balaustrada del balcón y la abrazó con una fuerza desconocida para Angie, una pureza arrolladora, una desesperación por amar que la asustaron.

-Para Antuán. No eres como esos de ahí dentro-.

-¿Por qué dices eso?, no te entiendo-.

-Nada, es mejor que me vaya, chao-. Y así quedó el pobre Antuán perplejo sin entender el por qué de la marcha de Angie y con una erección descomunal.

-Carlos, necesito un hombre ya, preséntame alguno-.

-Que ansiosa, vamos ven-, la tomó de una mano y la condujo tras él por las escaleras de mármol blanco. Arriba había muchas puertas también de color blanco, en el pasillo no había alma alguna…, Carlos tocó una puerta y entró. La imagen era de lo más excitante, una mujer tomada por dos hombres, una doble penetración que le pusieron el vello de punta a Angie y Carlos.

-Carlos, ¿qué belleza nos traes?-, preguntó un hombre de unos cincuenta en batín.

-Ella es Angie-.

El hombre del batín tomó la derecha de Angie y besó el dorso mirándola fijamente a los ojos grandes negros. Los invitó a pasar a un saloncito con dos sofás alrededor de una mesita de cristal en la que había por lo menos un kilo de coca y una cubitera con una botella de champán francés.

-Me marcho, Angie estás en buenas manos, trátela bien Señor Rojo-, dijo Carlos mirando con ternura a Angie. Le dio un beso en la mejilla y salió de la habitación.

-Angie, tome lo que quiera, si desea un tiro, métaselo, si quiere una copa se la serviré yo-.

-Por favor Señor Rojo-. Angie escudriñaba al Señor Rojo, a pesar de su edad se mantenía en forma, cabello totalmente blanco, pero no calvo y estaba delgado para mas Inri.

El Señor Rojo preparaba unas rayas mientras Angie observaba al trío de la cama, ella, la chica rubia jadeaba ante los embates del hombre en su dorso, la apestillaba contra el cuerpo del hombre yacente bajo la rubia, sentía una gran fuerza en su interior, dos pollas la estaban abriendo en canal, parecía una cerda abierta por el cuchillo del matachín. Con la imagen en la retina, Angie estaba notando humedad abundante bajo su tanga negro, una extraña atracción a participar en el trío la llevó a los pies de la cama detrás del hombre que tenia el falo ensartado en el culo de la rubia. Las palmadas en el culo de la mujer rubia se oían ensordeciendo los gemidos de los tres amantes. Acarició con las puntas de los dedos la espalda del macho, lentamente subían y bajaban los dedos por la espalda sudorosa. El hombre no se percató de la presencia de Angie.

-Angie, venga, deje a esos en lo suyo-.

-¡Dios!, como entra esta coca, es fuerte-. El Señor Rojo soltó una carcajada mirando a la bella morena a su lado. Antes de que él hiciera ningún movimiento, Angie metió una mano bajo el batín llegando al calzoncillo, porque pantalones no llevaba. Restregaba la mano por el bulto y el viejo echándose hacia atrás desató el batín porque sabía lo que le esperaba. Metió la mano dentro del calzoncillo y sacó el badajo preparado, lo masturbaba, el Señor Rojo cerró los ojos y Angie lo besó en los labios, un pico antes de arrodillarse frente a él, y así metió despacio la polla hasta la garaganta y le dedicó las mejores de las mamadas. En la mente de Alngie estaba Antuán, al que abandonó porque algo sintió durante el beso y no quería complicarse, ni tampoco atontarse por un hombre, no deseaba ni que le gustara. Con el miembro en la boca, succionaba despacio, lo libaba echando saliva y bajando y subiendo la cabeza. El viejo posó sus manos en la cabeza de la mamadora y empujó provocando arcadas a Angie, pero ella aguantó hasta que se zafó de las garras de la perversión. Levantada ante la gran erección del Dios del momento se desnudó soltando los lazos del vestido negro delizándose por las curvas de Angie hasta el suelo. Sin apartar la vista del erecto viejo lo montó a horcajadas, lo besaba con comedida pasión, él, la abrazaba y tomando el miembro con la derecha lo condujo a la entrada y lo metió de un golpe, sin dejar de besarlo lo cabalgaba rápido, ansiaba correrse, la excitación de la habitación, el olor a sexo y la imagen de Antuán la tenían sumida en una desesperada excitación. La mezcla de deseo, alcohol y drogas llevaron a Angie hacia un nuevo universo donde todo parecía ser posible, no pensaba, actuaba, jadeaba, la verdad que la polla del viejo la hizo correr unas cuantas veces y se dejó caer en el pecho del amante pidiendo que la llevara él:

-Llévame, deseo correrme ya-. La agarró de las caderas y la movía de adelante hacia atrás, el cabello de Angie se movía al son de la follada, sus pechos se balanceaban al mismo paso de baile y sus ojos eran todo lujuria, gemía, hasta gritó al sentir un gran orgasmo. Me contó en secreto que fue superior al de Carlos y Alfonso en el despacho. Se puso en pie y miró hacia la cama, los tres amantes estaban tumbados en la cama, jadeantes, miró al viejo que no se había corrido y fue a la cama. La cara del Señor Rojo parecía un poema, sorprendido por la huida de aquélla mujer. Sin pedir permiso entró en el lecho, la miraron los tres arrodillada en la misma, desnuda, con la respiración agitada por el orgasmo, los senos aún estaban erectos y la mujer incorporándose puso sus manos bajo los senos de Angie, como pesándolos los apretó un poco, y Angie cerró los ojos soltando un leve gemido. La mujer rubia la besó suavemente hasta que su lengua entró en la boca de nuestra protagonista. Los hombres, acostados en la cama miraban la escena lésbica con atención y uno de ellos comenzó a masturbarse y el otros no hacían nada, pero el viejo se levantó y a los pies de la cama se la meneaba con gran energía, su brazo derecho era como un martillo neumático, las venas del brazo y cuello explotarían de un momento a otro si no descargaba. Una mano de la rubia bajó al sexo de Angie, la humedad la estaba matando de ardores y esa mano alivió el fuego como si fuera agua. Sin premura masajeba el clítoris, hasta que sus dedos penetraron en la vagina y así Angie morreó a la rubia con gran intensidad. El hombre que se la meneaba se levanto poniéndose detrás de Angie, la rubia viendo la acción se tumbó de en la cama, -cómeme-, ordenó a Angie y eso hizo. La comía con ansia, nunca lo había hecho pero lo libaba con gran destreza. Angie con el culo en pompa descubrió su coño enfundado en flujos sensuales y así el hombre la agarró de las caderas y entró en ella de golpe a lo que Angie soltó un gemido y siguió lamiendo el jugoso coño de la rubia. Hasta bebió la esencia del viejo cuando pidió que alguien le chupara la polla cuando sintió que llegaba su orgasmo.

Entre sudores y ardores llenos de nuevas sensaciones, Angie pasó la primera noche como Puta, una furcia de lo más elegante.

Miércoles, veinte de Mayo de dos mil quince.

Región de Murcia.

Pedro Molina.

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