EN BRAZOS DE…

EN BRAZOS DE LA TREINTEAÑERA:

-A final de mes me voy de vacaciones cuatro días… -.

-¿Adónde vas?-, preguntó ella.

-A la playa-, dijo alcanzando un cigarrillo Benson & Hedges.

-¿Vas sólo?-.

-No, voy con una amiga. Necesito echar unos cuantos polvos de los buenos-.

-Y, ¿lo qué acabamos de hacer cómo se llama?-.

-Follar-, respondió exhalando humo.

-Eres un hijo de puta, Humberto. Siempre me utilizas. Vienes aquí conduciendo dos horas, me follas, te doy de cenar, algo de cariño y me dices que lo que hacemos no te satisface- .

-Oh nena, tienes razón, no me satisface, del todo-.

-¿Qué quieres decir?-.

-Eso, no del todo. Me falta algo-.

-Bueno. Mira, lo dejé todo por ti y me dejaste plantada. Me follas cuando quieres y encima te quejas. No te entiendo-.

-Tú nunca entiendes nada-.

-¿Ella sabe lo nuestro?-.

-No-.

-Quiero que te vayas. Necesito estar sola-.

-Está bien, me voy-.

Primero se puso la camiseta negra de mercadillo, el vaquero, los zapatos…

Cuando estaba en el umbral de la puerta con el picaporte en la mano…

-¿Adónde vas tonto?-.

-No lo sé, supongo que a casa-.

-Ven a la cama-.

Claudia aún estaba desnuda. Humberto Haze se desvistió mirándola, entró en la cama… La folló con saña, con violencia arremetía contra la vagina, quería hacerle daño.

Claudia se corrió no sé cuantas veces. Él no. Se masturbó delante de ella vaciándose en sus tetas.

Últimamente no se corría con Claudia, por eso necesitaba otra mujer, una mujer nueva.

-Con esto estoy satisfecha, con esto que tenemos-, dijo Claudia.

-Está bien nena. Durmamos un poco-.

EN BRAZOS DE LA VEINTEAÑERA:

A los veinte y pocos Cris ya era diplomada en Graduado Social. Trabajaba en un despacho en una asesoría laboral. Había sido buena estudiante pero perdía la cabeza por algo, la bebida. Cerveza, whisky, ron, vodka, ginebra, vino. Todo lo que tuviera alcohol la descontrolaba. Tanto que se quedó sin amigas, se emborrachaba y se tiraba a los novios de sus amigas. Cuando bebía necesitaba imperiosamente echar un polvo, se tiraba a los novios de sus amigas.

Una noche, Humberto Haze a sus treinta y seis años estaba en un concierto de un grupo local. Disfrutaba de la música y de una cerveza. Cris estaba allí, sola. Comenzó a mirar a Humberto, se acercó:

-Hola, ¿te apetece un chupito?-.

-Si, pero tu estás muy pasada-.

-Pues no dejes que me caiga al suelo, vamos a la barra-.

La siguió tomados de las manos, serpentearon a la gente del concierto. Cris pidió dos tapones de tequila. Humberto la tenía asida por la cintura:

-¿Me acompañas al baño?-, preguntó la veinteañera.

-Si-.

-No te quedes ahí, entra hombre, me tienes que ayudar…-.

-No sé-.

-¡Entra coño!-.

Entró con Cris al retrete, el hedor a meados era insoportable, el olor de las cañerías atascadas taponaba las fosas nasales. Humberto abrió sin apreciar que lo hacía las aletas de la nariz, hizo una mueca de asco. Ella meaba casi de pie:

-Dame un kleenex de mi bolso-. Él rebuscó en el bolso de imitación de piel, le dio el pañuelo.

-¿Quieres follarme?-, preguntó Cris tirando el pañuelo mojado de pis al suelo.

-Si-.

Comenzaron los besos en los labios, besos lascivos, lujuriosos. Cris le dio la espalda, apoyó las manos en la hedionda pared pintada de negro, las típicas frases de amor y sexo estaban escritas en la pared con todo tipo de colores de bolígrafos y rotuladores.

-Fóllame-.

Aquélla palabra y la visión del culo de Cris pidiendo guerra excitó a Humberto, palpó la calidez salvaje de la joven, con la virilidad en la mano la penetró y le dieron al asunto un rato. Asunto terminado.

Por azar, Humberto le dio su número de teléfono a Cris. Cuando se había jurado no volver a tener relaciones tortuosas llegó Cris, una auténtica borracha. En medio de la vorágine de conocer a la joven asesora, el sexo era lo mejor. La chica hablaba poco, bebía, rumiaba y follaba.

La pareja perfecta”, solía pensar el escritor mientras escribía.

-¿Sabes por qué no tengo amigas?-, preguntó Cris interrumpiendo aquel pensamiento entre sudores después de darle al asunto.

-No, ¿por qué?-.

-Porque me he tirado a todos los novios de mis amigas-, expuso encendiendo un cigarrillo americano de estraperlo.

-Eres una puta, lo sabes, ¿verdad?-.

-Sí, lo sé, me gusta serlo-.

-Entiendo, es tu único atractivo-.

-¿Tú crees?-.

-Sí, lo creo-.

-Anda ven, cómeme el coño y fóllame, por favor-, pidió con la mirada perversa cual Harpía.

Así estaban siempre, bebían, salían, se acostaban. A veces Cris se perdía unas horas cuando salían, otras veces se perdía unos cuantos días. Humberto sabía que estaba con otros tíos. Quizá con cientos. Cris le recordaba a Alina, la ucraniana de ojos azules del TIK.

Me imagino con sesenta años estancado económicamente como una mierda muy pequeña en un retrete demasiado grande”, éste pensamiento lo apuntaba en su libreta con un cigarrillo en los labios.

-Lo que más me gusta es que me trates mal cuando lo hacemos, que me grites ¡PUTA!-, decía Cris desnuda en la cama después del asunto.

-Te follo como tal-.

-No dejes nunca de tratarme así-.

-Descuida, eres una puta, no hay otra forma de tratarte-.

-Tu actitud me fascina, eres un animal-.

-Quizá lo sea, supongo. ¿Sabes?, me gustaría alquilarte, ser tu chulo. Iríamos a medias con las ganancias-, propuso llenando dos vasos de escocés encima de la mesita de noche.

-Tú crees?-.

-Lo creo, un dinero extra nunca viene mal-.

-Y, ¿por qué no te alquilo a ti?-, dijo Cris meditabunda.

-No está mal pensado la verdad-.

-¿Lo harías?-, preguntó la chica queriendo saber.

-Por un buen dinero si-.

-Vale, pondré un anuncio-.

-¿Un cigarrillo?-.

-Por favor-. Humberto encendió los dos cigarrillos al mismo tiempo entre sus labios con el zippo que ganó a un borracho en una apuesta.

-¿Te parecen 200€ por cita?-, preguntó ella exhalando humo del tabaco americano.

-Me parece perfecto-.

-Asunto zanjado. Eres mi gigoló-.

-Que palabra más cursi-.

-¿Cuál prefieres?-.

-Puto, está mejor puto-.

-Está bien, eres mi puto-.

-Besémonos-.

-Lo estoy deseando-, susurró Cris acercando sus finos labios a los del escritor convertido en carne de compra-venta.

Se besaron y echaron otro polvo. Cris era fascinante y Humberto fascinaba a la veinteañera.

Sábado, veinte de Junio de dos mil quince.

Región de Murcia.

Pedro Molina.

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